
Carlos Lowry/Flickr. Creative Commons.
Nuestros hogares son nuestros santuarios. Allí regresamos para comer y descansar tras un día de trabajo. Allí es donde nos sentimos más a salvo. Pero para muchas personas, nuestro hogar es un lugar con riesgos.
Para el personal del hogar – niñeras, personal de limpieza, cuidadoras y cuidadores, quienes realizan el trabajo para que todos los otros trabajos sean posibles –, nuestro hogar es su lugar de trabajo. Detrás de las puertas cerradas de los hogares de nuestro vecindario es donde esta fuerza laboral invisible (en su mayoría compuesta por mujeres migrantes) pasa su día alimentando a nuestras hijas e hijos, limpiando nuestras cocinas y cuidando a nuestras personas mayores o personas amadas con alguna discapacidad. Hay 100 millones de personas que trabajan como personal del hogar, ocultas del mundo exterior, excluidas de muchas legislaciones laborales que protegen a otros rubros de personal laboral, y vulnerables en las sombras de la economía.