
Refugees' life jackets in Parliament Square, London. Howard Lake/Flickr. CC (by-sa)
En torno al tema de la trata de personas se dan muchas emociones, sentimientos y acciones de evangelización. Es muy fácil caer en la trampa de «me siento mejor porque me siento mal», imaginar que hablar sobre las injusticias es lo mismo que hacer algo para remediarlas y engañarnos pensando que si enviamos peticiones, tuiteamos o damos a un «me gusta», contribuimos a solucionar el problema.
Una lección dolorosa que he aprendido durante los quince años que llevo trabajando en esta área es que el cambio real nunca es, ni será, fácil de lograr. He aprendido a sospechar de aquellas personas que proponen soluciones rápidas y persiguen grandes conquistas. Soy cautelosa con quienes abordan estos asuntos con un discurso elevado, grandes sumas de dinero o una sólida convicción de que su punto de vista es el correcto; de que el camino que proponen es el único camino.