
A farm in Sicily. SarahTz/Flickr. Creative Commons.
Las medidas contra la trata de personas se han centrado durante mucho tiempo en la explotación de las mujeres en el trabajo sexual, restando importancia al hecho de que la trata ocurre en diversos tipos de trabajo y que también implica a los hombres. Al hacer esto, se ha pasado por alto la vulnerabilidad sexual de las personas que son explotadas en sectores distintos al trabajo sexual. Mientras que hoy en día la mayoría de las políticas reconoce que las mujeres, los hombres, las personas transgénero y la infancia pueden ser víctimas de trata en distintas formas de explotación laboral, la victimización por género y por sexo de las mujeres migrantes continúa siendo un paradigma predominante en este ámbito. Más específicamente, como ha señalado Julia O'Connell Davidson, mientras que a los hombres se les considera generalmente sujetos activos, capaces de tomar decisiones independientes y voluntarias, las mujeres son vistas como agentes pasivos e impotentes, vulnerables a la explotación. Por consiguiente, las mujeres migrantes que son explotadas son consideradas comúnmente como «víctimas de trata», mientras que a los hombres migrantes que son explotados se les considera con frecuencia migrantes en situación irregular; o, como en el caso de ciudadanos migrantes de la Unión Europea, a menudo no reciben asistencia ni protección.
La distinción entre «trata con fines sexuales» y «trata con fines laborales» en distintas políticas y distintos instrumentos jurídicos ha fomentado la centralidad de la victimización sexualizada de la mujer. Además de sugerir que el trabajo sexual no puede considerarse trabajo, esta distinción transmite erróneamente la idea de que la explotación sexual no equivale a formas de trabajo forzoso. También lleva a pasar por alto las diversas violaciones de derechos humanos que las mujeres involucradas en la industria del sexo pueden experimentar, así como las protecciones apropiadas a las que deberían tener derecho. Por otra parte, esta distinción ha llevado a la adopción de diferentes estrategias para abordar la trata de personas en el sector del trabajo sexual anteponiéndolo a otros sectores. En particular, mientras que en el segundo caso se ha prestado más atención al desarrollo de medidas encaminadas a proteger los derechos de las trabajadoras y trabajadores migrantes y a mejorar sus condiciones de trabajo, en el sector del sexo aún prevalecen enfoques represivos y asistenciales.