Four ships captured after illegal fishing in Thailand. Yuli Seperi/Demotix. All rights reserved.

Las investigaciones de este verano en The Guardian sobre la «esclavitud» y la «trata de personas» en la industria pesquera de Tailandia pusieron de nuevo el foco de atención en las brutales condiciones laborales a las que se enfrentan muchas de las personas en la parte inferior de la escala económica mundial. The Guardian sacó a la luz que las trabajadoras y trabajadores migrantes de todo el sudeste asiático son engañados y coaccionados con frecuencia para aceptar contratos que los explotan gravemente, que enfrentan peligros cotidianos en el mar; y que, además, se les impide escapar mediante la violencia o la amenaza de ejercerla.
El análisis de The Guardian se centró sobre todo, en la relación entre las condiciones de trabajo en la parte inferior de la cadena de producción y las corporaciones multinacionales en la parte superior. Las gambas pescadas por estos trabajadores acaban en las baldas de grandes cadenas multinacionales de distribución en Occidente como Wal-Mart, Tesco y Carrefour. Estas empresas son conscientes de las condiciones de trabajo en las que se producen los bienes que venden y, a pesar de su predecible respuesta a estas revelaciones, está claro que el monitoreo de su cadena de producción es, cuando menos, poco efectivo.