
Shoeshine boy at work during the carnival in Oruro, Bolivia. Linn Bergbrant/Demotix. All Rights Reserved.
En 2014, Evo Morales ganó las elecciones generales de Bolivia de manera abrumadora. Aunque fue una catástrofe para las personas de derecha que defienden el libre mercado, su victoria fue celebrada como un triunfo de la igualdad y la justicia sociales por progresistas de izquierda. Sin embargo, tanto la izquierda como la derecha están de acuerdo en un hecho: condenan de forma inequívoca la ley de trabajo infantil de Morales.
El «Código de la infancia y la adolescencia» tira por la borda décadas de legislación sobre el trabajo infantil. En todo el mundo, y según la Convención sobre la edad mínima de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las niñas y los niños pueden comenzar a trabajar a los 14 años en tareas ligeras. En Bolivia, esa edad se acaba de reducir a los 10 años, siempre y cuando las niñas y los niños sean trabajadores autónomos y vayan a la escuela. Pueden firmar contratos de trabajo —pueden ser contratadas o contratados por otra persona— a los 12 años, siempre y cuando tengan el permiso de sus padres y continúen con su educación. La ley también contiene estipulaciones firmes en cuanto a la protección de las niñas y niños trabajadores, y sanciones severas para las personas empleadoras que no las respeten.