Skip to content

Trata infantil: ¿la «peor forma» de trabajo infantil o el peor abordaje a la migración juvenil?

El término «trata infantil» se suele emplear como sinónimo de la migración laboral infantil. Este marco perjudica a una gran cantidad de migrantes menores de edad que cambian de lugar por diferentes motivos; por ello, es necesaria una nueva visión. English

Published:
8762269701_4a97ce6680_z.jpg
8762269701_4a97ce6680_z.jpg

ILO/Flickr. Creative Commons.

En la mayor parte del discurso público, «trata de personas», cuando se refiere a gente joven, se ha convertido en sinónimo de «las peores formas de trabajo infantil». Desde el punto de vista de la migración, prácticamente no hay lugar para discutir el fenómeno de las personas menores de edad que trabajan lejos de sus hogares. Es necesario cuestionar estas certezas. Simon Baker y yo, sobre la base de nuestra investigación y la de nuestras colegas, sostenemos que es erróneo considerar la participación de menores en la migración como un problema exclusivo de trata de personas. Esto homogeneiza de manera equivocada la amplia diversidad de la migración de personas jóvenes que podría describirse como trata infantil, de acuerdo con la definición del Protocolo de Palermo firmado en el año 2000. Reconocer esta diversidad de experiencias nos permite ver por qué la fórmula estándar de «rescate, repatriación y reintegración» es bastante problemática. También deja claro cómo las tendencias dominantes en el discurso de la trata infantil pueden derivar en intervenciones que impactan de manera negativa en las vidas de las niñas y niños que necesitan o desean migrar para trabajar.

Analíticamente, la trata infantil constituye uno de los peores enfoques sobre la migración infantil, por tres razones principales. En primer lugar, desconecta la participación de la juventud en la migración de otras cuestiones más amplias con las que está íntimamente vinculada como son la migración en general y el cambio social. En segundo lugar, sugiere que las personas migrantes menores de 18 años son intrínsecamente vulnerables, sin preguntarse cómo se produce la explotación en la migración. Por ejemplo, dicha explotación puede ocurrir debido a que esas personas menores de 18 años son, en general, excluidas de los canales más seguros de migración y de las formas documentadas del trabajo migrante. En tercer lugar, la perspectiva centrada en las víctimas que produce el discurso dominante de la trata de personas no deja mucho espacio para imaginar y estudiar a la gente joven como participantes y agentes activos de sus propias migraciones.