
Evo Morales, Nicolás Maduro y Rafael Correa. 2013. Flickr. Algunos derechos reservados.
El populismo latinoamericano, tal como lo hemos conocido en los últimos diez años, toca a su fin. Mientras otro tipo de populismo más identiario florece en Europa, el populismo latinoamericano se enfrenta al final de su reciente ciclo de popularidad. En Venezuela, los indicadores económicos negativos amenazan la expansión de los derechos sociales mientras que se siguen recortando los derechos políticos y la existencia de una prensa independiente. Esta combinación de crisis y represión hace que el régimen del presidente Maduro se asemeje cada vez más a regímenes autoritarios clásicos de izquierda y derecha, cuestionando así su caracterización como régimen populista. Maduro, al utilizar medios no-democráticos para influir en resultados electorales, para deportar inmigrantes y para incrementar las restricciones a los medios, parece moverse en la dirección contraria.
La experiencia venezolana es un signo de cómo están cambiando los tiempos. El populismo ya no es lo que era, y va a seguir evolucionando en los años por venir. Una tendencia importante en este sentido es que los Estados Unidos, enemigo perpetuo de los populismos, ha unido el inicio de la normalización de sus relaciones con Cuba a una ya muy larga indiferencia hacia la región (una tendencia acentuada por la administración de Barack Obama). Pero entonces, si el enemigo externo ya no actúa como tal, ¿cómo debe reaccionar el populismo? La respuesta consiste en fijarse en enemigos internos, a la vez que se los va creando.