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#ProtestasEnColombia | Luchar por la educación pública ha sido siempre luchar por la democracia en América Latina

El paro de los estudiantes de universidades públicas ya suma 7 semanas en Colombia y sigue convocado de manera indefinida. Esta movilización estudiantil pone de relieve una fuerte crisis de la educación pública universitaria en este país, que viene de muy lejos. English

Marcha de Estudiantes en Colombia. Fuente: Wikimedia

Se calcula que Colombia arrastra un déficit histórico de más de 1.000 millones de dólares, y eso es solo la punta del iceberg de un fenómeno de desidia y desprecio histórico a la inversión en calidad educativa pública de unas élites políticas que, en el fondo, solo creen en la educación privada como instrumento para perpetuar el clasismo, los privilegios y la desigualdad, y así bloquear el ascensor social.

Así, este paro nacional estudiantil no es un capricho, sino que responde a una deuda histórica acumulada durante más de 25 años. Pero ahora, la movilización de los jóvenes parece haber logrado poner contra las cuerdas al gobierno de Iván Duque cuando cumple apenas 100 días en la presidencia. 

Lo que pasa en Colombia no es una excepción. Las protestas estudiantiles se han constituido en la forma de movilización política más común en Latinoamérica, la región más desigual del mundo. Los estudiantes son conscientes de que la educación pública constituye el pilar del desarrollo social que debe garantizar la igualdad de oportunidades a los ciudadanos en una sociedad democrática. 

Por eso, analizamos aquí algunas claves para comprender el papel de los estudiantes en la movilización política de Latinoamérica.

La movilización de los jóvenes parece haber logrado poner contra las cuerdas al gobierno de Iván Duque cuando cumple apenas 100 días en la presidencia. 

Las protestas estudiantiles vienen de lejos

Los estudiantes se han constituido en sujetos activos de movilización y activismo que, tomándose las calles, han venido ejerciendo una presión efectiva sobre los gobiernos a la hora de definir políticas públicas e inversiones en educación. 

Frente a las dictaduras, a las injusticias y a las desigualdades, ha sido la protesta estudiantil la que, desde sus inicios, se articuló como movimiento social de oposición en casi todos los países de Latinoamérica. Tomando como base las reivindicaciones sociales y la reclamación de garantías en el acceso a una educación pública de calidad, los estudiantes se han convertido en actores principales en la lucha por la democracia, los derechos y las libertades en toda la región. 

Durante las últimas décadas del siglo XX, y las dos primeras del XXI, hemos asistido a múltiples victorias y a demasiadas derrotas de estas fuerzas estudiantiles. Pero los avances históricos, particularmente en países como Argentina, Uruguay, Chile o México, ya son parte del acervo político y la transformación democrática latinoamericana. En otros lugares, como en Brasil, respondiendo a la presión estudiantil fueron las fuerzas progresistas las que transformaron activamente las universidades y las abrieron a las minorías y a las clases más desfavorecidas.

Los estudiantes se han convertido en actores principales en la lucha por la democracia, los derechos y las libertades en toda la región. 

Movilizaciones estudiantiles para recordar 

La Masacre de Tlatelolco en 1968 y la Noche de los Lápices en Argentina en 1976, fueron momentos emblemáticos de una represión sangrienta de la movilización estudiantil que ha afectado a la mayoría de los países de la región y que ha dejado huellas imborrables en la historia por el asesinato, la desaparición, el secuestro, y la represión violenta de la que han sido víctima cientos de estudiantes durante estas últimas décadas. 

Pero, ya más recientemente, la agitación política estudiantil, en Chile por ejemplo, ha marcado un nuevo rumbo en la historia del país impulsando reformas en la cultura académica y en el cogobierno de las universidades, atendiendo a demandas de mejor gestión y financiación. La memoria de la tortura, la desaparición y la persecución de estos movimientos está muy presente en las universidades y ha logrado frenar, en muchos casos, las tentaciones de represión extrema de gobiernos que intentaron neutralizar los cambios que, de Norte a Sur, han querido liderar los estudiantes.

Pero no en todas partes este mecanismo ha funcionado, como hemos visto este año en Nicaragua. El régimen de Ortega ha sometido a cientos de estudiantes, líderes de las protestas sociales que vivió el país a partir de Abril, a implacables y violentas persecuciones. Con la ayuda de fuerzas paramilitares, la represión ha dejado decenas de muertos entre estos jóvenes organizados para oponerse al gobierno, obligando a muchos de ellos a emprender el camino del silencio o del exilio. 

La memoria de la tortura, la desaparición y la persecución de estos movimientos está muy presente en las universidades.

En Colombia sigue el paro estudiantil

Varias organizaciones sociales colombianas han denunciado la represión gubernamental que el movimiento estudiantil ha padecido durante estas 7 semanas de paro. Se señalan persecuciones, heridos y detenciones injustificadas por parte de una policía que suele, en muchos casos, abusar de la fuerza represiva y usar la violencia represiva de manera desproporcionada. 

Pero el gobierno parece haber reaccionado, y las últimas movilizaciones estudiantiles callejeras, que tuvieron lugar el pasado 28 de noviembre y que contaron con el apoyo de sectores de trabajadores que protestan por el aumento del IVA, transcurrieron de forma pacífica en su mayoría mientras las autoridades consiguieron mantener a la policía al margen.

Los líderes de estas movilizaciones esperan lograr sentarse a negociar con el presidente Duque y obtener soluciones reales a la crisis de financiamiento. Sus demandas se centran en conseguir un aumento considerable del presupuesto público, y cambios estructurales al modelo de educación pública universitaria en el país. 

Quieren sentarse a dialogar con el nuevo gobierno, aunque éste esté constituido por cuadros que, en su inmensa mayoría, estudiaron en unas universidades privadas que pagaron sus papás, y los papás de sus papás.

Pero el gobierno plantea como excusa el hecho de que no puede solucionar de la noche a la mañana una deuda que es histórica. Se ha propuesto blindarse ante las movilizaciones estudiantiles, y no parece querer llegar a un acuerdo con los movimientos para suspender un paro que sigue convocado de manera indefinida. 

Se trata de un pulso que se ha repetido en muchos lugares y en distintas épocas en América Latina, puesto que los estudiantes son conscientes de que, sin educación pública de calidad y accesible a todos los ciudadanos, no existe una verdadera democracia, y la sociedad de privilegios y desigualdades se perpetúa. 

En esta ocasión, se espera que la notable fuerza y determinación de esta nueva ola de protesta estudiantil en Colombia logre encarar los desafíos de sentarse a dialogar con el nuevo gobierno, aunque éste esté constituido por cuadros que, en su inmensa mayoría, estudiaron en unas universidades privadas que pagaron sus papás, y los papás de sus papás. Ellos piensan hacer lo propio con sus hijos, despreciando una educación pública que al parecer no tienen mucho interés en mejorar. La lucha continúa.

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