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“¿Qué derechos humanos?” Por qué algunas empresas alzan la voz y otras no

Muchas empresas se pronuncian a favor de los derechos humanos en asuntos que se relacionan directamente con sus operaciones, pero ¿hay empresas dispuestas a adoptar una postura firme sobre temas más amplios de derechos humanos? Français, English

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Después de recibir mucha presión de los activistas de derechos humanos, y tan solo días después de que Formula One anunciara su nueva política de derechos humanos, la empresa aprobó a Azerbaiyán para que albergara su primer Grand Prix. Cuando le preguntaron al director ejecutivo de la empresa, Bernie Ecclestone, si examinaría el historial de derechos humanos del país, contestó: “Ya lo hicimos. Creo que todos se ven felices. No parece haber ningún problema importante ahí”.

A pesar de la alegre imagen que presenta Ecclestone, la realidad es que Azerbaiyán tiene una trayectoria abismal en materia de derechos humanos y actualmente está ejecutando una represión masiva de la sociedad civil, según informan Human Rights Watch y otros. Estas medidas han ido acompañadas de enormes campañas de relaciones públicas para mejorar la imagen general del país. Aunque la nueva declaración de derechos humanos de Formula One señala que la empresa “consultará a los actores pertinentes en relación con cualquier problema planteado a causa de nuestra debida diligencia”, en la práctica simplemente están actuando igual que siempre.

Si bien hay muchos ejemplos positivos de empresas que se pronuncian a favor de los derechos humanos, son demasiadas las que permanecen calladas cuando los derechos humanos están en juego en Estados represivos o, en un número reducido de casos, atentan contra los intereses de los derechos humanos. Cada vez es más frecuente que las grandes multinacionales tengan políticas públicas en materia de derechos humanos, muchas de las cuales resultan en acciones reales para abordar los problemas de derechos humanos que se relacionan directamente con sus operaciones. A menudo, estas políticas incluyen comprometerse a realizar debida diligencia en materia de derechos humanos y a comunicarse con las partes interesadas. Pero cuando algunas empresas establecen o continúan sus operaciones en Estados represivos, por lo general, estos compromisos públicos se contradicen con su inacción y silencio.